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Elecciones trágicas, votación prospectiva, retrospectiva y polarización en Colombia

August 17, 2018

En una conversación con una amiga surgió una posible explicación a (parte de) la polarización en las últimas elecciones, donde hubo muchos votos “en contra de”, guiados más por el odio a Petro o a Duque que por el apoyo a cada uno. Algunos, sin poder decidir cuál alternativa era peor, se decidieron por el voto en blanco, pero incluso ellos fueron atacados por tibios. 

 

Si uno explora por qué algunos no podrían jamás votar por el centro democrático encuentra (entre otras razones) una motivación retrospectiva. Más allá de las expectativas sobre lo que pudiera ser un gobierno de Duque, pesa la constatación de los graves abusos contra los derechos humanos y contra la democracia de los dos cuatrenios de Uribe. Hay razones retrospectivas, también, para no votar por Petro: una mala alcaldía que, hay que decirlo, no solo es consecuencia de los errores de Petro sino de haber tenido a todo el mundo en contra (cosa que, ni ingenuo que fuera, él ha sabido capitalizar). Para muchos, es más importante y mejor para el país plantarse contra los abusos a la democracia y a los derechos humanos que plantarse contra la incompetencia. Pero más allá del balance que cada quien haga, los que así pensaron tuvieron una elección trágica: ninguna decisión era buena.

 

Ahora, si uno ahonda en quienes se inclinaron con Duque, con frecuencia pesa una motivación prospectiva. Más que validar los abusos ocurridos durante el gobierno Uribe, hay un análisis sobre lo que podría ser un gobierno de Duque versus el gobierno Petro. En ese análisis, para muchos pesaba más el temor al populismo y la improvisación de Petro (de nuevo, también inflados por muchos) que el temor al regreso del uribismo al poder. No es que no temieran, e incluso rechazaran, a los sectores más retardatarios del centro democrático. Sino que pensaban que en un país post proceso de paz, sin reelección y con Duque a la cabeza, no retornarían esos abusos.  

 

Esto se conecta directamente con la polarización porque los votantes retrospectivos juzgan (juzgamos) muy severamente a los prospectivos, pues lo miden con la vara de sus consideraciones: “¿Pero acaso a usted no le preocupa que el DAS haya servido a paramilitares, que los falsos positivos se hayan disparado, que se haya iniciado una guerra sucia con las cortes, que hubiesen reuniones tan cuestionables en palacio, que se haya comprado la reelección, que los hijos de Uribe aprovecharan su posición para favorecer sus negocios, que haya tanto funcionario huyéndole a la justicia?” Pues sí, a muchos sí les escandaliza. Solo que no están decidiendo por eso. Están haciendo una apuesta prospectiva. Por supuesto, la sola decisión de ignorar estas graves manchas del gobierno Uribe y votar por lo que esperan de Duque es un juicio de valor que diferencia a los dos tipos de votantes. Al retrospectivo le puede parecer que lo correctoes no ignorar el record del gobierno Uribe. Pero, si al menos entiende que es en eso que se distancia de muchos de los que votaron por Duque, y no en la validación de los abusos, puede ser que vea con ojos menos agresivos a los Duquistas (que no, tal vez, a los uribistas).

 

Lo mismo puede decirse del votante prospectivo en su valoración del retrospectivo. Lo tacha de atizar el odio entre clases, por ejemplo. Tal vez, si comprendiera que su voto es una expresión de solidaridad con víctimas que nunca debieron ocurrir y de defensa de los valores democráticos, lo respetarían y juzgarían también con menos severidad. 

 

Como paréntesis vale decir que para algunos economistas la votación retrospectiva es irracional: ¿qué sentido tiene votar según lo que ya pasó, si ya el bienestar depende en realidad de lo que pasará? Acá habría que decir dos cosas. Primero, este no es el caso en la postura retrospectiva que describí acá pues la expresión de rechazo a los abusos contra la democracia y los derechos humanos y cobrarle en las urnas a quienes fueron políticamente responsables puede tener consecuencias futuras en la construcción de una mejor sociedad. Segundo, en todo caso cualquiervotación es individualmente irracional: ni su voto, ni el mío, va a definir la elección. Por lo tanto, en buena parte votamos movidos por un sentido de responsabilidad ciudadana para expresar qué defendemos, no para definir quién gana. 

 

Es clave reconocer que otra de las razones poderosas para el apoyo de Duque es la continuación de una profunda simpatía con Uribe. Esa simpatía tiene varios tipos. Algunos, los más retardatarios, son sectores que ven amenazados sus intereses y visión de país con el proceso de paz. Pero ese proceso dista mucho de ser revolucionario para la mayoría de colombianos; al contrario, a la gran mayoría le convienen las transformaciones para un Estado más presente y más representativo que ahí se plantean. Por eso, el otro tipo de uribista y puede que mayoritario no es el retardatario extremo sino el que agradece enormemente que Uribe haya sido capaz de sacar al país del atolladero en que lo dejó el fallido proceso de Pastrana. De nuevo, no es que no reconozcan, y les choquen, los abusos que mencioné. Pero los ponen en una balanza contra los beneficios de una recuperación de confianza en el país, reducción de las tasas de homicidio, desarmar a los paramilitares, y acorralar a las Farc, aún si cada uno de esos logros tuvo sus problemas. 

 

En esto, entonces, algunos apoyaron a Duque también por consideraciones retrospectivas. Y de nuevo nos conecta con la polarización porque si bien un anti-uribista puede criticar que se ignoren las manchas, entre otras porque suele ser desde posiciones de relativo privilegio que se pueden desconocer, un desacuerdo sobre esto es menos severo que una acusación directa de defender esos abusos. Del otro lado, seguramente este tipo de uribista puede respetar más a un anti-uribista que reconoce algunos de esos logros del gobierno Uribe, solo que considera que fueron fines mal logrados o por los que pagamos un precio que no debimos pagar. 

 

Tristemente, el ruido y odio de los sectores más radicales de bando y bando, el juego sucio con informaciones falsas (sobre todo del uribismo radical), y la ingenuidad de la mayoría de votantes que, sospecho, somos menos radicales que eso y nos dejamos llevar, ahogó estas “narrativas” (como se dice ahora) un poco más sutiles. 

 

Sobre la apuesta de los prospectivos que apoyaron a Duque sin olvidar el record problemático del pasado: espero que les salga como esperan, por el bien de todos. Tengo serias dudas por el poder persistente de fuerzas más oscuras y extremas, pero espero equivocarme. 

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