Un economista incómodo

Albert Hirschman se sentía incómodo. Con lo que sucedía en su natal Berlín, al punto de tener que pasar a la clandestinidad e huir a Francia porque su vida de militante antinazi corría peligro. Con el fascismo en general, al punto de llevarlo a unirse como voluntario en la guerra civil española y luego en el ejército francés, para terminar huyendo con una identidad falsa de las garras de sus compatriotas alemanes y organizar, desde Marsella, el escape de cientos de refugiados hacia los Estados Unidos (allí también aterrizaría él, y se enlistaría en un ejército extranjero por tercera vez). Incómodo también con la academia, no obstante su paso por instituciones líderes del “establecimiento”,

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